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viernes, 10 de mayo de 2013

Tonos tierra / Earth tones

Vestido/dress: Ragussa (old), blazer: Sfera (old), cinturón/belt: Balenciaga,
colgante/pendant: vintage, zapatos/shoes: Massimo Dutti.
Me gusta la primavera, pero también me saca de quicio porque nunca sé qué ponerme. Supongo que me entendéis cuando os hablo de ese momento en que contemplas tu armario y piensas "esto da mucho calor" o "con estoy me voy a helar". En estos casos, las americanas son mi prenda favorita a la hora de adaptar un outfit a cambios de temperatura tan extremos. Compré esta de terciopelo hace ya algunos años y acabó siendo una de las mejores adquisiciones de mi vida. La llevo tanto en fiestas como en mi día a día. Aun a riesgo de parecer un experimento de oxidación, finalmente me decidí a combinarlo con este precioso vestido en tonos tierra heredado de mi madre.


I like Spring, but it drives me crazy because I never know what to wear. I supose you understand me when you look at your closet and think "that's too warm" or "I'll be freezing with this". Blazers are my favourite pieces when I have to adapt an outfit for such a dramatic temperature change. I bought this velvet one some years ago and it was one of my best purchases ever. I wear it at parties as well as during my day-to-day. Even at the risk of looking like an oxidation experiment, I finally decided to combine it with this beautiful, earth tone dress that I inherited from my mother.

domingo, 21 de abril de 2013

Some excentric key pieces.


Hace algunas semanas fui a la Feria de Moda Vintage de Madrid. Me sentí abrumada por la cantidad de piezas increíbles que pude contemplar: vestidos de fiesta de los años 20 y 60, tocados hechos a mano, pantalones de los 70 perfectamente cortados... La tentación era demasiado grande, pero iba decidida a comprar algo que fuese único pero también práctico, algo que pudiese ponerme no solo en contadas ocasiones especiales. Finalmente, encontré estos increíbles pantalones de Escada de los 80. Llevan incorporado un cinturón de lentejuelas con pequeños flecos de cuentas que tiemblan muchísimo cada vez que muevo las caderas (son como una especie de versión actualizada de los trajes para la danza del vientre).

Kimono: Zara; camisa/shirt: Mango (old); colgante/necklace: vintage: pantalones/pants: Escada vintage

 Pensé que podrían crear un contraste muy bueno con esta blusa estilo vintage de Mango y mi nuevo kimono de Zara. Estoy feliz de que los kimonos se hayan puesto tan de moda esta temporada. Siempre me han gustado y me parece que combinan estupendamente con cualquier outfit fiestero.


Some weeks ago I went to the Vintage Fashion Fair of Madrid. I was overwhelmed by so many amazing pieces. I saw gorgeous 20s and 60s party dresses, handmade headdresses, perfectly cut 70s pants... The temptation was too big for me to resist, but I'd made up my mind to buy something unique but also useful that I could wear not just for special ocassions. Finally, I found this awesome Escada 80s pants. They have like a paillettes hip scarf with beaded fringes that shake so much when I move (it's a kind of a new version of belly dance costumes).


I thought they would make a great constrast with this vintage inspired blouse and my new kimono from Zara. I'm so glad to see kimonos are so in fashion this season. I've always loved them and they combine so well with party outfits.

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martes, 4 de enero de 2011

Feliz 2011


Ante todo, desearos un feliz año nuevo. Espero que hayáis comenzado estos primeros días con buen pie, y con esa alegría y entusiasmo que se tiene en esta época del año, donde los nuevos propósitos son los protagonistas. He pensado compartir los míos con vosotros, aunque estoy convencida de que coincidiremos en más de uno:

  1. Ser constante en los estudios: llevo toda mi vida estudiando en el último momento, pasando los días pre-exámenes empollando unos bloques inverosímiles de apuntes y sobreviviendo a base de cantidades ingentes de cafeína. Los resultados no han sido malos (parece ser que trabajo mejor bajo presión), pero mi alma y mi cuerpo los sufren. Así que, aunque los horarios ilógicos que tengo este año no me estén dando mucha tregua, ahora que vienen los exámenes de febrero espero ser capaz de cambiar en este aspecto.
  2. Dejar atrás el pasado: aunque me refiero a unos hechos concretos, en general he de admitir que soy una de esas personas a las que les encanta analizar sus actos y los ajenos, buscando múltiples razones y consecuencias, hasta que de tanto retorcerlos y deformarlos acabo por no distinguir lo que realmente pasó. Supongo que es una de esas cosas intrínsecas e inmutables en un ser humano, pero por pura salud mental debería aprender a quitarme esta manía.

  3. Iniciarme en la costura: aunque he hecho mis pinitos con detalles en sombreros, pecheras y un par de faldas, me gustaría aprender a manejarme de verdad con la máquina de coser. Tengo un montón de ideas apuntadas a las que me gustaría dar forma, supongo que será cuestión de pedir un poco de ayuda a mi madre y destrozar las primeras telas. La práctica hace al maestro, ¿no?

  4. Volver a nadar: las posibilidades de que lleve esto a cabo son bastante remotas, pero de la fe también se vive.

  5. Ser menos impulsiva: mi excesiva habilidad verbal hace que muchas veces meta la pata y dé una imagen totalmente contraria a la que quiero dar; dicho en cristiano: soy una bocazas. Si consigo aunque sea por un día pensar dos veces lo que voy a decir consideraré este propósito cumplido.

¡Y no se me ocurren más! Aunque creo que con esto es más que suficiente, que por inflar la lista con chorradas no voy a sufrir una metamorfosis (ni quiero, porque oye, cada uno es como es; que tiene que haber de todo en la viña del Señor). Así que ahora decidme, ¿cuáles son vuestros propósitos para este nuevo año 2011?

Foto: vestido vintage de los años 20, regalo de cumpleaños de mi querida abuela, junto al tocado que os mostraré cuando recupere mi cámara de fotos. La sombrilla, aunque proviene de su propia casa, debe tener más o menos los mismos años. El chal es herencia de mi madre y el colgante es de H&M.

jueves, 5 de noviembre de 2009

El bolso omnipresente

Cuando hace dos años llevé a la graduación mi pseudo-Chanel 2.55, hubo chicas que se burlaron de su estilo anticuado, otras muchas me dijeron que su madre tenía uno muy parecido y sólo una me dijo que era precioso. Para gustos los colores, eso es lo de siempre, pero aunque era de esperar que pronto llegara a las calles por las múltiples versiones que se habían visto en varias pasarelas (y no sólo en Chanel), no me imaginaba ni de lejos la obsesión actual. Porque sí, comprobado que es una fiebre.
Resulta que el famoso bolso con 30 años de antigüedad, con la piel desgastadita como a mí me gusta, tuvo un desgraciado final: me atracaron a la salida de una discoteca y se lo llevaron con todo su contenido (la anécdota en sí y su posterior denuncia a la policía dan para un post bastante interesante). Sabía que no me costaría encontrar uno parecido y que en el fondo estaba ya destrozado, pero le tenía mucho cariño. El caso es que unas semanas después me acerqué al centro comercial de mi zona a ver qué encontraba. Iba con las ideas muy claras: bolsos con cadena negro de piel acolchada. ¡Y madre mía que si encontré! Que sí, que sabía que se llevaban, pero es que en Zara no había un solo bolso de asa larga que no estuviese inspirado en el 2.55, ya fuese por la piel acolchada, el cierre, la forma o la cadena. Y en Massimo Dutti, y en Mango, y en Accesorize... Y te das una vuelta por marcas más exquisitas y más de lo mismo (especial atención al de Sonia Rykiel ¡me tiene enamorada!).

De Zara, en piel sintética metalizada.

De Sonia Rykiel, en ante y con cierre joya.


Varios metalizados, de Carolina Herrera.


Al final, entre las muchas opciones elegí uno de Zara sencillo, que puediese usar a diario y, lo más tractivo, en piel y por tan sólo 20€. El problema era que era tan sencillo que rozaba la sosería y tenía unas cintas a modo de cierre que no me gustaban nada (odio el estilo étnico-folklórico, a pesar de que pueda parecer lo contrario por el título del blog, que ya sabéis que tiene otra historia). Al final las corté y puse en su lugar unos botones comprados en Pontejos (que por cierto una visita me vino genial para inspirar mi vena diseñadora). He aquí el resultado (sé que no se ve con gran intensidad, ya sabéis que yo no he nacido para fotógrafa).


Pero lo que convierte en especial la influencia del 2.55, es su presencia no sólo en bolsos, sino en múltiples accesorios y prendas de ropa. Vi una chaqueta cuya marca no recerdo con la famosa cadenita en las solapas, y aplicada también a una diadema de Oysho (preciosa para las que os queden bien, que no es mi caso) y a un cinturón de Pull and Bear al que no pude resistirme.


Y llevaba yo un tiempo dándole vueltas a cómo adaptar el vestido de la graduación de mi hermana a un look un poco más fiestero, cuando estos dos accesorios casi corren hacia él. Añadid al conjunto unas medias negras, moño sencillo, y abrigo largo rojo. ¡Me encanta!

Vestido/Dress: H&M. Botines/ankle boots: Zara (antiguos/old)). Bolso/bag: Zara (adaptado/DIY). Cinturón/belt: Pull and Bear

En defintiva, que sé que la moda es así, que cuando una tendencia pisa fuerte está por todas partes y que puede irse tan pronto como vino, pero aun así me hizo gracia "el ataque de los Chanel 2.55". Y bueno, llevo usando ya mi tiempo el famoso bolso de mi madre que no quiero ni pensar en dónde ha acabado, y tengo intención de darle un buen y larguísimo uso a su heredero.

sábado, 29 de agosto de 2009

A veces se agradece la sencillez

Tengo debilidad por todo aquello que tenga una inspiración romántica, vintage, barroca,etc. Hasta tocar de vez en ocasiones el extremo de la cusilería o la extravagancia. Pero de vez en cuando apetece depurarse un poco. Igual que siento fascinación por la originalidad y los ecos de épocas en las que recargarse era sinónimo de grandeza, también admiro a la gente que va por la calle con una sencilla blusa y unos pantalones de buen corte, y los luce con más estilo que nadie.
No apoyo la constancia en la moda, porque su cambio continuo es precisamente lo que la hace divertida. Adoro a Stella Mccartney tanto como a Roberto Cavalli o John Galliano, y me parece perfecto tirar unos días hacia un patrón romántico y barroco y los siguientes hacia el minimalismo.
Sin embargo, ¿cómo destilar elegancia y estilo con pocas prendas? He estado recopilando algunas ideas en revistas, pasarelas, tiendas y gente que me rodea por la calle; y veo que se puede resumir todo en un trío de conclusiones: la importancia del corte, los accesorios básicos y el permiso de protagonismo a una prenda.
Al llevar la ropa sin apenas aderezos se aprecia mucho más si está bien hecha. Merece la pena gastarse el dinero en ropa de buena calidad, que nos sirva para muchas combinaciones sin por ello desgastarse. Los cortes originales se aprecian mucho mejor y transforman la sosería en elegancia. El over-size también se lleva muy bien con este estilo, pues ayuda a dar una imagen cómoda y casual.




Los accesorios aquí juegan también un papel importante. Hay dos opciones: o básicos (en color y material naturales) o muy originales, dejando a estos últimos el absoluto protagonismo, como es el caso de la pamela morada de la autora de The snail and the cyclops, que le da el toque perfecto a su LBD.


Los toques de color, mezclados con prendas básicas y sin estampados, son una buena forma de vestir alegre sin saturar. La dueña de Le blog de Betty es una experta en ese aspecto.


Las prendas clásicas como las gabardinas, las rebecas, los pantalones de pinzas o las chaquetas de corte chanelesco son muy buenos aliados. En los catálogos de J. Crew sobran las ideas de cómo combinarlas. Me encanta ese efecto de "niña buena" que consiguen.




¿Y algo de mi cosecha? Pues aparte de mi debilidad por las blusas pastel combinadas con pantalones y trench, suelo tirar más del minimalismo en las ocasiones especiales:

A la izquierda, con la gabardina que ya os enseñé hace un tiempo de Pull&Bear, bolso propiedad de mi madre y zapatos peep-toe de Sfera. El vestido no puedo deciros de dónde es porque no tengo ni idea. Me lo compró mi madre cuando tenía unos trece años y aún me vale. Aunque en la foto no se aprecie, el corte es precioso: sin mangas, ajustado bajo el pecho y con un ligero vuelo.

A la derecha, vestido de H&M (hay que ver las gratas sorpresas que me está dando esta tienda últimamente) y sandalias de Zara.

A mí todavía me cuesta ir sencilla sin ser sosa, pero supongo que la cosa mejorará con la práctica. Insisto en que es una tendencia que sólo me atrae de Pascuas a Ramos, al menos para el día a día. Sin embargo, sí es constante mi fascinación por esas personas que con estos estilismos transmiten un halo de encanto natural y a la vez misterioso.

martes, 4 de agosto de 2009

Londres



Londres, Londres... ¿Cómo describirla? Si tuviese que limitarme a un solo adjetivo no lo dudaría un momento: ecléctica. Es la única palabra que puede reunir a los veraneos de la alta sociedad en la campiña con las tribus suburbanas y la moda grunge. Porque sí, resulta bastante paradójico que este país que nos inspira con sus gabardinas de cuadros y sus trajes de príncipe de Gales sea también la cuna de lo mejorcito de la música indie y el punk. Se trata de un lugar que conserva un aire victoriano en sus cafeterías y sus edificios, por los que pasa gente vestida con combinaciones tan alternativas que rozan lo imposible. Es extraño y a la vez encantador.


Yo ya había visitado esta ciudad en otra ocasión, pero no tuve tiempo de verla como se merecía. Y no hablo sólo de los muchos monumentos y calles a los que con suerte pude echarles una ojeada, sino también de la gracia del ambiente londinense que, si bien es difícil apreciarlo en los cinco días que he estado esta vez, no digamos ya en una tarde.

En la fuente de Trafalgar Square. Camiseta exterior y falda vintage,
camiseta interior de Oysho, sombrero de El Corte Inglés, bolso del rastro de Madrid.

Si hay algo que realmente me enamora de esa ciudad, son esas estrechas casitas tan famosas del barrio de Notting Hill, pero que en realidad están presentes en muchas más calles. Con flores en las ventanas, puertas de colores y verjas negras; generalmente próximas a los grandes parques de la ciudad. Sencillamente encantadoras.

Y, para insistir en el carácter variable de la capital, no es necesario irse muy lejos para pisar el famoso Soho, con tiendas archiconocidas tipo Pepe Jeans, Diessel o Miss Sixty; y otras no tanto pero que sorprenden por la variedad de sus productos. Y si te subes al metro y dejas la ilógicamente alta cantidad que te piden por tan solo un viaje (4'80 libras, para ser exactos) puedes aparecer en un lugar tan memorable como Candem. No creo que sea necesario describirlo, tan sólo basta decir que con tales tiendas para elegir, es normal ver a sus habitantes vistiendo de forma tan variada. Y si te vas a Whitechapel, en vez de encontrar como yo esperaba los restos del popular y desgraciado barrio tan conocido en la época victoriana, sentirás que acabas de aterrizar en la India, y más si eres la única occidental en un radio de un kilómetro.
En una tienda de White Chapel, comprando unos
zapatos tradicionales de la India tras un pequeño
percance con los que llevaba. Vestido y collar vintage,
sombrero de El Corte Inglés.
Siempre me ha encantado observar a la gente que pasa a mi alrededor: sus caras, sus gestos cómo van vestidos, cómo andan, cómo hablan... En la localidad en la que yo vivo eso resulta bastante aburrido teniendo en cuenta que a la mitad de la gente que te encuentras ya la conoces o, si no es así, se parecen mucho. Por eso me gusta tener que ir a diario a Madrid. Sin embargo, aunque siendo una capital sempre se goza de bastante diversidad, estoy convencida de que por aquí tenemos mucho más miedo a ir diferentes. En Londres pasa casi lo contrario: lo diferente es ir normal. La fiebre del vintage está mucho más extendida que por aquí, por lo que es mucho más fácil encontrar tiendas de ese tipo y a un precio muy razonable. También parece estar muy de moda el revival de los 80, como ya dictaron las pasarelas: americanas con chapas, materiales y colores chillones, mezclas de estampados imposibles, pantalones pitillo... Es fácil encontrar clones de Keith Richards por todas partes. Y justo al lado, señoras y caballeros elegantísimos que parecen venir de un partido de polo.

Lo dicho, se trata de una ciudad pluricultural en la que puedes encontrar de todo y además bien mezclado. Sin embargo, es algo de esperar en una metrópoli que lleva bastantes años vigente. En cierto modo es como cualquier otra capital, y comparándola con la nuestra, pues bastante más grande y plural. Claro que hay que tener en cuenta que, a diferencia de Madrid, Londres es el centro urbano de Inglaterra desde prácticamente su fundación y que, al fin y al cabo, cada ciudad es distinta, y que aunque debido a ese fenómeno llamado generalización todas tienen rasgos comunes, cada uno posee un encanto particular. En el caso de Londres, salta a la vista en cada rincón.
P.D.: Soy consciente del período latente en el que se halla mi blog, pero sabiendo que en verano todo el mundo anda desperdigado (yo incluida) posteé bastante poco. Prometo que en septiembre, cuando me asiente y vuelva a mi vida cotidiana, actualizaré más a menudo, porque la verdad es que os he echado de menos.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Conjuntos sencillos y originales que funcionan

Últimamente he tenido una seria acumulación de días apagados, en los que me paso la mitad del tiempo preguntándome para qué me he levantado de la cama, porque para lo que he hecho el esfuerzo no me ha salido rentable. A priori el que lo lea pensará que tengo una vida amargada y sin sentido, pero doy por hecho que no soy la única que tiene de vez en cuando un momento mustio y falto de inspiración. Esto en buena parte se traduce a mi propia imagen: opto por maquillajes naturales, peinados-despeinados, ropa cómoda... En definitiva, no me apetece romperme la cabeza delante del espejo. Y he descubierto, para mi sorpresa, que es entonces, cuando tiras por lo natural y lo simple cuando consigues unos resultados más favorecedores y originales. Quizás porque te ciñes a tus gustos, porque no quieres aparentar ningún papel o porque simplemente el aburrimiento es una fuente inagotable de inspiración.
En fin, el caso es que he acabado haciendo una lista con esos looks tan sencillos y a la vez acertados, que quizás os sirvan a más de una. Aquí os los dejo, con fotos más o menos representativas de la idea:


Camisa estilo vintage (ya sabéis, en tonos suaves, con encajes, volantes, corte evasée..) .
Vaqueros desgastados.
Fular o bufanda con collar largo asomando por debajo, a ser posible, de perlas.
Cárdigan largo.
Botines por encima. Aprovecho para decir que el otro día se me ocurrió ponérmelos sobre unos vaqueros algo anchos, para que al meterlos por dentro de los botines se crease un efecto un poco más casual y suelto que con los pitillo, y el resultado me encantó. Eso sí, acorta la figura, ya aviso.
Parka, a ser posible over-size, no muy larga.
Bolso bandolera.
Resultado: imagen cómoda, casual pero glamourosa
gracias a los detalles femeninos como el collar o la blusa. El efecto es del tipo me-he-puesto-lo-primero-que-he-encontrado-pero-voy-divina, tipo Mary-Kate (la de la izquierda).


Jersey over-size.
Shorts, bien vaqueros, bien de tweed. Aquí todo vale siempre y cuando se enseñen piernas. Con el fresquito se pueden acompañar con medias tupidas.
Bien taconazo, bien botas planas, bien bailarinas. Todo depende de lo sofisticada que quiere ir una.
Bolso de tamaño considerable.
Resultado: la idea es recargar la parte de arriba a base de capas, collares y/o bufandas y tirar por el minimalismo de caderas para abajo. Es un look que habréis visto mil veces por la calle, pero que ofrece muchísimas posibilidades. Me encanta el aire sofisticado que consigue darle Mango en el desfile de primavera. ¡Esos pantalones caerán en mi mano, os lo aseguro!












Camiseta blanca, de nuevo de tipo vintage.
Chaleco abierto, a ser posible en tonos marrones.
Collar largo pero sencillo.
Falda o shorts.
Medias tupidas.
Botas planas desgastadas.
Resultado: de nuevo sencillo y cómodo. Es un ejemplo de los innumerables usos que se le pueden dar a un chaleco. También queda genial con pantalones anchos o vaqueros.














Camisa de cuadros (o cualquier otro estampado) y cuello baby.
Bolero o chaqueta fina de punto con el primer botón abrochado únicamente. Pantalones de tweed o tipo sastre.
Bailarinas y diadema.

Resultado: niña buena 100%. La foto que he puesto de Blair en "Gossip Girl" poco se le parece, pero es para que vieráis a qué me refería con lo de la chaqueta por encima de la camisa. El resultado también es perfecto si lo combináis con un vestido tipo baby-doll. La idea es buscar prendas inocentes y románticas.







Vestido vaporoso y sencillo, a ser posible blanco.
Medias tupidas.
Botas desgastadas de piel marrones.
Collar largo.
Chaqueta de cuero envejecida.
Borsalino.
Bolso over-size de piel marrón.
Resultado: una imagen bohemia, quizás no el colmo de la originalidad, pero sí elegante y limpia.

martes, 9 de septiembre de 2008

La gran utilidad de la blazer

O americana, o chaqueta de traje, o tuxedo, o como leches la queráis llamar. Todas sabemos que hablamos de esa prenda ajustadita, normalmente negra, que bien combinada puede dar un aire boho-chic o incluso rockero a cualquier combinación. Ahora que llega la temporada de otoño-invierno, ya podéis correr a compraros una las pocas que todavía no dispongáis de esta prenda cien por cien versátil y fácil de encontrar. Si es larga, de manga tres cuartos y de algún tejido brillante como els atén, pues mejor que mejor.
Eso sí... Cuidadito con el look elegante-rancio de americana cerrada, pantalones de traje, camisa y zapatos de punta. No es el colmo del mal estilo, no hace daño a la retina, pero está más visto que el TBO y destruye la gran capacidad innovadora de este tipo de chaquetas. ¿Por qué no probáis, como alternativa, a combinarla con camiseta sencilla y graciosa, pitillos, converse y bolso bandolera con chapitas? Un look 100% indie, cómodo y original. O quizás con pañuelo al cuello, maxi-jersey y bailarinas o taconazo. Y si añadís un borsalino, mejor que mejor, para conseguir el aire boho-chic. También es perfecta con un vestido lencero o baby-doll, collar de cadena larga, medias negras y botines. ¡Jugad al contraste!
Pero, si la preferís en su línea más clásica, aquí tenéis las nuevas propuestas de los grandes diseñadores, innovando el look a base de nuevos tejidos, cortes y complementos:













































El primero, de Andrew Gn, con blusa romántia por dentro. Ya sabéis: si la lleváis con camisa y tacones, al menos que sea abierta.
El segundo, de Bruno Pieters, cerrada, pero en versión maxi y de lana, con bufanda y pantalones anchos. Perfecto para ir a trabajar en invierno.
El tercero, de Diane Von Furstenberg, y en mi opinión, de los mejores. Con tweed brillante, blusa romántica con lazada y abierta pero ajustada con un cinturón. Perfecta combinación para los nuevos pantalones anchos. Eso sí, mejor con manga tres cuartos.
El cuarto, de Dries Van Noten, con hombreras y blusón de seda. Los pantalones capri y las medias negras debajo son la clave para actualizar el look.
El quinto, de Nina Ricci, con pitillos de traje, abierta y de nuevo con blusón de seda. Este look también quedaría muy chic si se utilizase la blazer negra, con blusón en estampados grises (de éstos hay para aburrir en Zara Woman), pitillos negros y taconazos.





















Aquí las celebrities... Ashley Olsen es el mejor ejemplo de lo bien que queda un vestido lencero con una blazer, aunque para mí gusto mejor si hubiese sido un poco más larga y menos arrugada. El vestido de pedrería de Kate Moss es otro que casi pide a gritos una tuxedo negra, y si es en satén mejor que mejor. Y ya sabéis, si hace frío para ponerse chaqueta seguramente lo hará también para ponerse medias tupidas negras, y si es con taconazo y cartera de mano mejor que mejor. ¡Ah! Y si sois frioleras como yo, un fular negro, o con algo de brillo no quedaría nada mal...
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