miércoles, 23 de septiembre de 2009

Las mejores vestidas de los Premios Emmy 2009

Los "Oscar de la televisión" se entregaron el pasado 21 de septiembre en el Nokia Theatre de Los Angeles, California. Y, por tanto, fue la ocasión perfecta para que varias caras conocidas de la televisión estadounidense circularan de nuevo por la alfombra roja con sus mejores galas, mientras nosotros esperábamos ansiosos a relamernos con las críticas. Yo siempre me quedo con ganas de expresar las mías a los cuatro vientos, pero nunca llego a tiempo, y cuando me decido los vestidos en cuesión están ya tan comentados que pierde toda la gracia. Sin embargo, la 61ª edición de los Emmy aún está bastante fresca, por lo que he aquí mi lista de los mejores y peores vestidos, propia y totalmente discutible (y dividida en dos posts porque la asistencia este año ha sido alta y hay mucho que comentar):


Aunque el floripondio del hombro no acaba de entusiasmarme, el vestido de Jennifer Carpenter me ha llamado la atención desde el principio por su combinación negro-nude y, sobre todo, por la curvilínea y extremadamente femenina figura que logra. Olé.

Mila Kunis nos brinda un ejemplo de cómo llevar un largo diferente sin perder un ápice de elegancia. El color le sienta de maravilla y los complementos, el peinado, y el maquillaje logran un acabado perfecto.



Quién diría que esta es la misma Drew Barrymore que hace unos año iba hecha un cromo a todos los eventos con unos estilismos grunge imposibles que hacían daño a la vista. Claro que a todos nos pueden cambiar los gustos de un extremo a otro. Ahora ella suele optar por vestidos en tonos pastel estilo "cuento de hadas" que, aunque como éste pueden rozar el extremo de lo cursi para muchos, la hacen brillar como nunca.


Por regla general los vestidos amarillos me dan urticaria, no por el mito de que dan mala suerte, si no porque me resulta un color demasiado chillón que no favorece demasiado. Pero el tono limón del vestido de Jennifer Love Hewitt se salta mis prejuicios. Sencillamente adorable.

Sandra Oh se coloca también en los puestos más altos, por saber llevar un vestido de pedrería de forma natural y elegante.



Si hay una idea clave que perseguir si quieres triunfar en un evento, es la sencillez. En vez de complicarse la vida con estilismos explosivos y artificiales, mejor hacer como Cat Deeley y optar por un vestido clásico que resalte la belleza natural. Es la mejor forma de brillar con luz propia.

Hay gente a la que no le va lo de ir de mesa camilla y opta por diseños que destaquen bien la barriguita del embarazo (mañana veremos un claro ejemplo), pero a mí me llega a resultar un tanto extraña la figura desproporcionada que se consigue, por lo que doy mi voto al look de Kourtney Kardashian: potencia un pecho que vive su mejor época y evita parecer un merengue con un color oscuro que además destaca el brillo de su melena.



Vale, sé que esta última aportacióna a la lista deja clara mi excesiva preferencia por los tonos nude, pero es que no puedo resistirme a la luz que consiguen. La opción de Rose Byrne al principio me pareció de un vuelo excesivo, pero me encanta como lo combina con la cartera en tono oscuro y el cabello miel totalmente liso (por cierto una forma espléndida de evitar un resultado demasiado edulcorado).


Y para finalizar un pequeño caso aparte: Olivia Wilde.


Al principio pensé que era la columna vertebral de la actriz, ¡pero no! Es la cremallera del vestido. A ver, vale que se trata de un escote un tanto rebuscado y que había que sujetarlo de alguna forma, pero no me creo que a los diseñadores de Marchesa no se les ocurriese otra forma un poco menos cantosa. ¡Al menos ponla en un lateral! En cualquier caso, admito que el diseño con aires vintage es precioso, que el maquillaje y el peinado lo aderezan de la mejor forma posible y ¡que le sienta de fábula! Así que paso por alto el detalle práctico de la cremallera y le doy el primer puesto.

Y si queréis ver a las peores vestidas y a las que se quedan a medio camino pasaos por aquí mañana a degustar el segundo post.

sábado, 29 de agosto de 2009

A veces se agradece la sencillez

Tengo debilidad por todo aquello que tenga una inspiración romántica, vintage, barroca,etc. Hasta tocar de vez en ocasiones el extremo de la cusilería o la extravagancia. Pero de vez en cuando apetece depurarse un poco. Igual que siento fascinación por la originalidad y los ecos de épocas en las que recargarse era sinónimo de grandeza, también admiro a la gente que va por la calle con una sencilla blusa y unos pantalones de buen corte, y los luce con más estilo que nadie.
No apoyo la constancia en la moda, porque su cambio continuo es precisamente lo que la hace divertida. Adoro a Stella Mccartney tanto como a Roberto Cavalli o John Galliano, y me parece perfecto tirar unos días hacia un patrón romántico y barroco y los siguientes hacia el minimalismo.
Sin embargo, ¿cómo destilar elegancia y estilo con pocas prendas? He estado recopilando algunas ideas en revistas, pasarelas, tiendas y gente que me rodea por la calle; y veo que se puede resumir todo en un trío de conclusiones: la importancia del corte, los accesorios básicos y el permiso de protagonismo a una prenda.
Al llevar la ropa sin apenas aderezos se aprecia mucho más si está bien hecha. Merece la pena gastarse el dinero en ropa de buena calidad, que nos sirva para muchas combinaciones sin por ello desgastarse. Los cortes originales se aprecian mucho mejor y transforman la sosería en elegancia. El over-size también se lleva muy bien con este estilo, pues ayuda a dar una imagen cómoda y casual.




Los accesorios aquí juegan también un papel importante. Hay dos opciones: o básicos (en color y material naturales) o muy originales, dejando a estos últimos el absoluto protagonismo, como es el caso de la pamela morada de la autora de The snail and the cyclops, que le da el toque perfecto a su LBD.


Los toques de color, mezclados con prendas básicas y sin estampados, son una buena forma de vestir alegre sin saturar. La dueña de Le blog de Betty es una experta en ese aspecto.


Las prendas clásicas como las gabardinas, las rebecas, los pantalones de pinzas o las chaquetas de corte chanelesco son muy buenos aliados. En los catálogos de J. Crew sobran las ideas de cómo combinarlas. Me encanta ese efecto de "niña buena" que consiguen.




¿Y algo de mi cosecha? Pues aparte de mi debilidad por las blusas pastel combinadas con pantalones y trench, suelo tirar más del minimalismo en las ocasiones especiales:

A la izquierda, con la gabardina que ya os enseñé hace un tiempo de Pull&Bear, bolso propiedad de mi madre y zapatos peep-toe de Sfera. El vestido no puedo deciros de dónde es porque no tengo ni idea. Me lo compró mi madre cuando tenía unos trece años y aún me vale. Aunque en la foto no se aprecie, el corte es precioso: sin mangas, ajustado bajo el pecho y con un ligero vuelo.

A la derecha, vestido de H&M (hay que ver las gratas sorpresas que me está dando esta tienda últimamente) y sandalias de Zara.

A mí todavía me cuesta ir sencilla sin ser sosa, pero supongo que la cosa mejorará con la práctica. Insisto en que es una tendencia que sólo me atrae de Pascuas a Ramos, al menos para el día a día. Sin embargo, sí es constante mi fascinación por esas personas que con estos estilismos transmiten un halo de encanto natural y a la vez misterioso.

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