jueves 5 de noviembre de 2009

El bolso omnipresente

Cuando hace dos años llevé a la graduación mi pseudo-Chanel 2.55, hubo chicas que se burlaron de su estilo anticuado, otras muchas me dijeron que su madre tenía uno muy parecido y sólo una me dijo que era precioso. Para gustos los colores, eso es lo de siempre, pero aunque era de esperar que pronto llegara a las calles por las múltiples versiones que se habían visto en varias pasarelas (y no sólo en Chanel), no me imaginaba ni de lejos la obsesión actual. Porque sí, comprobado que es una fiebre.
Resulta que el famoso bolso con 30 años de antigüedad, con la piel desgastadita como a mí me gusta, tuvo un desgraciado final: me atracaron a la salida de una discoteca y se lo llevaron con todo su contenido (la anécdota en sí y su posterior denuncia a la policía dan para un post bastante interesante). Sabía que no me costaría encontrar uno parecido y que en el fondo estaba ya destrozado, pero le tenía mucho cariño. El caso es que unas semanas después me acerqué al centro comercial de mi zona a ver qué encontraba. Iba con las ideas muy claras: bolsos con cadena negro de piel acolchada. ¡Y madre mía que si encontré! Que sí, que sabía que se llevaban, pero es que en Zara no había un solo bolso de asa larga que no estuviese inspirado en el 2.55, ya fuese por la piel acolchada, el cierre, la forma o la cadena. Y en Massimo Dutti, y en Mango, y en Accesorize... Y te das una vuelta por marcas más exquisitas y más de lo mismo (especial atención al de Sonia Rykiel ¡me tiene enamorada!).

De Zara, en piel sintética metalizada.

De Sonia Rykiel, en ante y con cierre joya.


Varios metalizados, de Carolina Herrera.


Al final, entre las muchas opciones elegí uno de Zara sencillo, que puediese usar a diario y, lo más tractivo, en piel y por tan sólo 20€. El problema era que era tan sencillo que rozaba la sosería y tenía unas cintas a modo de cierre que no me gustaban nada (odio el estilo étnico-folklórico, a pesar de que pueda parecer lo contrario por el título del blog, que ya sabéis que tiene otra historia). Al final las corté y puse en su lugar unos botones comprados en Pontejos (que por cierto una visita me vino genial para inspirar mi vena diseñadora). He aquí el resultado (sé que no se ve con gran intensidad, ya sabéis que yo no he nacido para fotógrafa).


Pero lo que convierte en especial la influencia del 2.55, es su presencia no sólo en bolsos, sino en múltiples accesorios y prendas de ropa. Vi una chaqueta cuya marca no recerdo con la famosa cadenita en las solapas, y aplicada también a una diadema de Oysho (preciosa para las que os queden bien, que no es mi caso) y a un cinturón de Pull and Bear al que no pude resistirme.


Y llevaba yo un tiempo dándole vueltas a cómo adaptar el vestido de la graduación de mi hermana a un look un poco más fiestero, cuando estos dos accesorios casi corren hacia él. Añadid al conjunto unas medias negras, moño sencillo, y abrigo largo rojo. ¡Me encanta!

Vestido/Dress: H&M. Botines/ankle boots: Zara (antiguos/old)). Bolso/bag: Zara (adaptado/DIY). Cinturón/belt: Pull and Bear

En defintiva, que sé que la moda es así, que cuando una tendencia pisa fuerte está por todas partes y que puede irse tan pronto como vino, pero aun así me hizo gracia "el ataque de los Chanel 2.55". Y bueno, llevo usando ya mi tiempo el famoso bolso de mi madre que no quiero ni pensar en dónde ha acabado, y tengo intención de darle un buen y larguísimo uso a su heredero.

sábado 3 de octubre de 2009

Las peor vestidas de los premios Emmy 2009

Sé que prometí este post para mucho antes, pero me surgió un viajecillo improvisado de fin de vacaciones para buscar fósiles. Aunque no tenía más historias planificadas en lo que me quedaba de mes, esta me interesó gratamente, y desde luego no me arrepentí de ir. Para el que no lo haya hecho nunca diré que consiste en pasarte unas 5 horas diarias picando piedras y desenterrando otras nuevas, cuanto más grandes mejor. ¿El resultado? Acabas hecho un Cristo, necesitando una manicura de urgencia, con las manos llenas de pequeños cortes y lo más seguro algún que otro dedo chafado. Pero cuando encuentras un bicho que ha estado esperándote miles de años para que te lo lleves a casa enterito y perfectamente conservado, la ilusión que te viene al cuerpo merece la pena.
En fin, es raro que una (futura) geóloga esté interesada en la moda (deberíais ver cómo la miran a una en la facultad cuando va un poco bien vestida), pero bueno, soy una persona polifacética y este blog se dedica a lo que se dedica. Así que, sin más preámbulos ni retrasos, he aquí la lista de las peor vestidas de los Emmy 2009:



Quizás mejor empiezo por las que ni fu ni fa, las que por mucho que mire no me dicen nada, como Leighton Meester. El vestido no es del todo horrible, y la combinación del rojo de los labios con el bolso me gusta, pero la veo sosa. El atuendo tiene demasiado volumen y me da la sensación de ser una sábana llevada sin gracia. No hace daño a la vista, pero... ¡B, puedes hacerlo mucho mejor!

Original es y puedo decir que bastante acorde con el estilo trendy de Chloe Sevigny. Pero el estampado de lunares no me parece adecuado para la alfombra roja. Quizás si le diese más elegancia con un peinado un poco menos informal...


Me es igual que el vestido de Debra Messing sea de Marc Jacobs, con tanta pedrería me recuerda a la horripilante "sección fiesta" de El Corte Inglés. Para hacer de azafata en el Grand Prix sí, para los Emmy no.

Nos quedó claro que Blake Lively tiene un cuerpo escultural, pero la forma en que este vestido de Versace lo enseña roza la vulgaridad. Cierto es que yo soy un poco monja para estas cosas, pero es que el escote de vértigo por delante y por detrás y la abertura hasta la cadera me parecen exagerados. Y si lo rematamos con el hombro de lentejuelas y la trenza a lo Tomb Raider pues ya sí que no.

Me pregunto cuál será el nombre técnico de la "tela" del vestido de Angela Kinsey. No es por tener mala leche pero, sinceridad arriba, me recuerda al envoltorio de los salchichones y demás embutidos patrios.

Todo el mundo afirma que el embarazo es una de las etapas más bellas en la vida de una mujer, y comprendo y respeto el orgullo de enseñar barriguita, pero... ¿¿¿tanto??? De verdad, ¿soy la única que piensa que el efecto conseguido por Heidi Klum es demasiado drástico? Aparte de que espero que el vestido sea bastante elástico, porque no creo que sea sano tener al niño ahí embutido tanto tiempo.

Al ver la primera foto de Melora Hardin pensé que justo en ese momento le abría dado una ráfaga de viento a lo Marilyn en "La tentación vive arriba", pero luego pude comprobar que no, que el vestido viene así de fábrica. Y fijaos que quitando seis o siete capas el vestido quedaría mono, con el tono limón y el encaje negro...

El look de Nancy O'dell era tan horripilante que estuve apunto de no subirlo por obviedad. Es que joder, ¿¿¿a quién se le ocurre???

No sé qué se fumó Phoebe Price cuando decidió ponerse esa cosa, pero mejor que no intente pasarlo por la aduana. El caso es que al vestido le veo posibilidades para un musical a lo Tim Burton...

A ver, es obvio que el objetivo de Victoria Rowell no era aparecer bella y divina, sino mostrar sus fervientes ideas políticas. En parte hasta la admiro por ello, pero sigo sin encontrarle mucho sentido a su atuendo... Eso sí, si existe en versión masculina, apuesto lo que queráis a que este año José Corbacho lo lleva a los Goya.

¿Pensáis que alguien debe ser añadido o suprimido? ¿Cuál es para vosotros/as la mayor aberración estilística? ¿O quizás pensáis que todo es una cuestión de estilo propio y originalidad? Dejadme vuestras opiniones.

miércoles 23 de septiembre de 2009

Las mejores vestidas de los Premios Emmy 2009

Los "Oscar de la televisión" se entregaron el pasado 21 de septiembre en el Nokia Theatre de Los Angeles, California. Y, por tanto, fue la ocasión perfecta para que varias caras conocidas de la televisión estadounidense circularan de nuevo por la alfombra roja con sus mejores galas, mientras nosotros esperábamos ansiosos a relamernos con las críticas. Yo siempre me quedo con ganas de expresar las mías a los cuatro vientos, pero nunca llego a tiempo, y cuando me decido los vestidos en cuesión están ya tan comentados que pierde toda la gracia. Sin embargo, la 61ª edición de los Emmy aún está bastante fresca, por lo que he aquí mi lista de los mejores y peores vestidos, propia y totalmente discutible (y dividida en dos posts porque la asistencia este año ha sido alta y hay mucho que comentar):


Aunque el floripondio del hombro no acaba de entusiasmarme, el vestido de Jennifer Carpenter me ha llamado la atención desde el principio por su combinación negro-nude y, sobre todo, por la curvilínea y extremadamente femenina figura que logra. Olé.

Mila Kunis nos brinda un ejemplo de cómo llevar un largo diferente sin perder un ápice de elegancia. El color le sienta de maravilla y los complementos, el peinado, y el maquillaje logran un acabado perfecto.



Quién diría que esta es la misma Drew Barrymore que hace unos año iba hecha un cromo a todos los eventos con unos estilismos grunge imposibles que hacían daño a la vista. Claro que a todos nos pueden cambiar los gustos de un extremo a otro. Ahora ella suele optar por vestidos en tonos pastel estilo "cuento de hadas" que, aunque como éste pueden rozar el extremo de lo cursi para muchos, la hacen brillar como nunca.


Por regla general los vestidos amarillos me dan urticaria, no por el mito de que dan mala suerte, si no porque me resulta un color demasiado chillón que no favorece demasiado. Pero el tono limón del vestido de Jennifer Love Hewitt se salta mis prejuicios. Sencillamente adorable.

Sandra Oh se coloca también en los puestos más altos, por saber llevar un vestido de pedrería de forma natural y elegante.



Si hay una idea clave que perseguir si quieres triunfar en un evento, es la sencillez. En vez de complicarse la vida con estilismos explosivos y artificiales, mejor hacer como Cat Deeley y optar por un vestido clásico que resalte la belleza natural. Es la mejor forma de brillar con luz propia.

Hay gente a la que no le va lo de ir de mesa camilla y opta por diseños que destaquen bien la barriguita del embarazo (mañana veremos un claro ejemplo), pero a mí me llega a resultar un tanto extraña la figura desproporcionada que se consigue, por lo que doy mi voto al look de Kourtney Kardashian: potencia un pecho que vive su mejor época y evita parecer un merengue con un color oscuro que además destaca el brillo de su melena.



Vale, sé que esta última aportacióna a la lista deja clara mi excesiva preferencia por los tonos nude, pero es que no puedo resistirme a la luz que consiguen. La opción de Rose Byrne al principio me pareció de un vuelo excesivo, pero me encanta como lo combina con la cartera en tono oscuro y el cabello miel totalmente liso (por cierto una forma espléndida de evitar un resultado demasiado edulcorado).


Y para finalizar un pequeño caso aparte: Olivia Wilde.


Al principio pensé que era la columna vertebral de la actriz, ¡pero no! Es la cremallera del vestido. A ver, vale que se trata de un escote un tanto rebuscado y que había que sujetarlo de alguna forma, pero no me creo que a los diseñadores de Marchesa no se les ocurriese otra forma un poco menos cantosa. ¡Al menos ponla en un lateral! En cualquier caso, admito que el diseño con aires vintage es precioso, que el maquillaje y el peinado lo aderezan de la mejor forma posible y ¡que le sienta de fábula! Así que paso por alto el detalle práctico de la cremallera y le doy el primer puesto.

Y si queréis ver a las peores vestidas y a las que se quedan a medio camino pasaos por aquí mañana a degustar el segundo post.

jueves 17 de septiembre de 2009

Saliendo del imperio Inditex

Por fin parece que la rutina vuelve, que tengo mucho más tiempo para postear todo lo que no he podido en verano. He de decir que igual que mucha gente siente la conocida depresión post-vacacional, yo reacciono de forma contraria y entro en una especie de éxtasis. Supongo que si tuviese un tiempo de descanso un pelín más corto no acabaría tan harta.
En cualquier caso, estas vacaciones he tenido tiempo de sobra para conocer en mis interminables paseos sin destino definido, un montón de tiendas a precios asequibles que me permiten salir un poco del imperio Inditex. Aunque sigo teniendo mono de pasar cada poco tempo por sus tiendas a ver qué novedades traen, y muchas de las prendas más especiales de mi armario tienen su origen en él, de vez en cuando me apetece salirme un poco de lo archiconocido y sentir el ambiente especial y acogedor de las tiendas más pequeñas.
Sin embargo y muy a mi pesar, soy un verdaro desastre a la hora de recopilar direcciones, tarjetas etc. que me permitan recordar donde estaban las maravillas que descubrí de pura casualidad. Así que he de limitarme a las pocas que recuerdo y con indicaciones bastante ambiguas, aunque creo que suficientes:
  • Para los/as amantes del vintage: una preciosa tienda con ropa de época auténtica en las proximidades del Rastro de Madrid. Es un local mínimo, abarrotado hasta los topes y atendido por una señora amable pero no empalagosa (o sea, la dependienta ideal, que no te persigue pero que está dispuesta a ayudarte). Tienen de todo: telas, manteles, cortinas, accesorios (especial atención a los gorros y los tocados expuestos cerca de la caja), vestidos de gala, ropa informal... Ocurre como con todo este tipo de tiendas: que tienes que rebuscar entre los tumultos y dar por hecho que si comnpras alguna prenda es posible que tengas que arreglarla para actualizarla o ajustarla a tu talla; pero la sensación de llevarte algo especial y diferente hace que el esfuerzo merezca la pena. ¿El precio? Pues como todo en el Rastro: razonable si tienes en cuenta que te llevas algo único, y con posibilidad de llegar al carácter de ganga si aprendes a regatear. Dirección: en la calle Carnero, perpendicular a la calle Ribera de Curtidores. El número no lo recuerdo con exactitud, pero vamos, no es precisamente la calle Alcalá, así que no tiene pérdida, y seguro que por el camino véis más establecimientos de semejante índole, así que la búsqueda merecerá la pena.

    Pequeñitas pero encantadoras son los establacimientos de Kukla, una cadena de ropa en principio infantil, pero que recientemente se ha extendido a adeptos más mayores. Las colecciones suelen contar con chaquetas, jerséys y un par de vestidos y camisetas del mismo modelo de líneas sencillas y colores neutros, al estilo Comptoir de Cotonniers; y varios accesorios de aires afrancesados. Los gorros de fieltro y lana tipo casquetes de esta temporada son adorables. Lástima no poder ofreceros fotos, pues buscando por Internet sólo he encontrado imágenes de las colecciones de la marca argentina del mismo nombre (preciosa por cierto, pero en otro nivel económico y la venta sólo al otro lado del Atlántico). ¿El precio? Es lo mejor de esta tienda: perfectamente asequible, al ritmo de Zara&Co. De hecho los jerséys de punto, por ejemplo, parecen de mejor calidad y el precio no suele sobrepasar los 15 €. Dirección: C/Hortaleza 7, C/Arenal 14, C/San Marcos (ésta creo que es sólo para los peques). No estoy segura de si venden fuera de Madrid, pero si os interesa podéis llamar al teléfono para pedir información: 915226547.




  • Y si buscáis complementos de inmejorable calidad pasaros por Hakei. Esta cadena donostiarra con años de experiencia y reciente proliferación es ahora bastante conocida, pero yo al menos la descubrí hace tan solo unos meses. Cuenta con ropa urbana, informal y sencilla, de buen corte y material. Pero aquí lo que destacan son los complementos (zapatos y bolsos en especial). Una piel perfecta, de la que está suave nada más comprarla y se adapta a ti cual guante de cirujano. Estoy encariñada con unos zapatos con cordones de ante, monocolor y sin adorno ninguno (que por cierto tienen un clon en Zara TRF que deja bastante que desear). Eso sí, cuestan 80€, pero creo que los invertiré a gusto, y lo bueno es que forman parte de su colección insignia y permanente, por lo que podré esperar libremente a un momento económico un poco más célebre. Aquí os dejo las fotos de la nueva colección (aunque con la luz que han escogido, quedarán muy artísticas, pero la ropa no se aprecia nada). ¿El precio? Lo dicho, si para la ropa puede resultar excesiva en algunos artículos bastante corrientes, en los complementos y todo aquello confeccionado en piel es más que razonable lo que piden (que siempre ronda los 100€). ¿Dirección? En la página web (de lo más relajante por cierto) podréis encontrar todos los puntos de venta. A mí personalmente los que más me gustan en Madrid son los ubicados en Arenal y Goya.






¿Y vosotros/as? ¿Conocéis alguna tienda o cadena pequeñita y con encanto que nos ayuda a salir de la rutina?

sábado 29 de agosto de 2009

A veces se agradece la sencillez

Tengo debilidad por todo aquello que tenga una inspiración romántica, vintage, barroca,etc. Hasta tocar de vez en ocasiones el extremo de la cusilería o la extravagancia. Pero de vez en cuando apetece depurarse un poco. Igual que siento fascinación por la originalidad y los ecos de épocas en las que recargarse era sinónimo de grandeza, también admiro a la gente que va por la calle con una sencilla blusa y unos pantalones de buen corte, y los luce con más estilo que nadie.
No apoyo la constancia en la moda, porque su cambio continuo es precisamente lo que la hace divertida. Adoro a Stella Mccartney tanto como a Roberto Cavalli o John Galliano, y me parece perfecto tirar unos días hacia un patrón romántico y barroco y los siguientes hacia el minimalismo.
Sin embargo, ¿cómo destilar elegancia y estilo con pocas prendas? He estado recopilando algunas ideas en revistas, pasarelas, tiendas y gente que me rodea por la calle; y veo que se puede resumir todo en un trío de conclusiones: la importancia del corte, los accesorios básicos y el permiso de protagonismo a una prenda.
Al llevar la ropa sin apenas aderezos se aprecia mucho más si está bien hecha. Merece la pena gastarse el dinero en ropa de buena calidad, que nos sirva para muchas combinaciones sin por ello desgastarse. Los cortes originales se aprecian mucho mejor y transforman la sosería en elegancia. El over-size también se lleva muy bien con este estilo, pues ayuda a dar una imagen cómoda y casual.




Los accesorios aquí juegan también un papel importante. Hay dos opciones: o básicos (en color y material naturales) o muy originales, dejando a estos últimos el absoluto protagonismo, como es el caso de la pamela morada de la autora de The snail and the cyclops, que le da el toque perfecto a su LBD.


Los toques de color, mezclados con prendas básicas y sin estampados, son una buena forma de vestir alegre sin saturar. La dueña de Le blog de Betty es una experta en ese aspecto.


Las prendas clásicas como las gabardinas, las rebecas, los pantalones de pinzas o las chaquetas de corte chanelesco son muy buenos aliados. En los catálogos de J. Crew sobran las ideas de cómo combinarlas. Me encanta ese efecto de "niña buena" que consiguen.




¿Y algo de mi cosecha? Pues aparte de mi debilidad por las blusas pastel combinadas con pantalones y trench, suelo tirar más del minimalismo en las ocasiones especiales:

A la izquierda, con la gabardina que ya os enseñé hace un tiempo de Pull&Bear, bolso propiedad de mi madre y zapatos peep-toe de Sfera. El vestido no puedo deciros de dónde es porque no tengo ni idea. Me lo compró mi madre cuando tenía unos trece años y aún me vale. Aunque en la foto no se aprecie, el corte es precioso: sin mangas, ajustado bajo el pecho y con un ligero vuelo.

A la derecha, vestido de H&M (hay que ver las gratas sorpresas que me está dando esta tienda últimamente) y sandalias de Zara.

A mí todavía me cuesta ir sencilla sin ser sosa, pero supongo que la cosa mejorará con la práctica. Insisto en que es una tendencia que sólo me atrae de Pascuas a Ramos, al menos para el día a día. Sin embargo, sí es constante mi fascinación por esas personas que con estos estilismos transmiten un halo de encanto natural y a la vez misterioso.

martes 4 de agosto de 2009

Londres



Londres, Londres... ¿Cómo describirla? Si tuviese que limitarme a un solo adjetivo no lo dudaría un momento: ecléctica. Es la única palabra que puede reunir a los veraneos de la alta sociedad en la campiña con las tribus suburbanas y la moda grunge. Porque sí, resulta bastante paradójico que este país que nos inspira con sus gabardinas de cuadros y sus trajes de príncipe de Gales sea también la cuna de lo mejorcito de la música indie y el punk. Se trata de un lugar que conserva un aire victoriano en sus cafeterías y sus edificios, por los que pasa gente vestida con combinaciones tan alternativas que rozan lo imposible. Es extraño y a la vez encantador.


Yo ya había visitado esta ciudad en otra ocasión, pero no tuve tiempo de verla como se merecía. Y no hablo sólo de los muchos monumentos y calles a los que con suerte pude echarles una ojeada, sino también de la gracia del ambiente londinense que, si bien es difícil apreciarlo en los cinco días que he estado esta vez, no digamos ya en una tarde.

En la fuente de Trafalgar Square. Camiseta exterior y falda vintage,
camiseta interior de Oysho, sombrero de El Corte Inglés, bolso del rastro de Madrid.

Si hay algo que realmente me enamora de esa ciudad, son esas estrechas casitas tan famosas del barrio de Notting Hill, pero que en realidad están presentes en muchas más calles. Con flores en las ventanas, puertas de colores y verjas negras; generalmente próximas a los grandes parques de la ciudad. Sencillamente encantadoras.

Y, para insistir en el carácter variable de la capital, no es necesario irse muy lejos para pisar el famoso Soho, con tiendas archiconocidas tipo Pepe Jeans, Diessel o Miss Sixty; y otras no tanto pero que sorprenden por la variedad de sus productos. Y si te subes al metro y dejas la ilógicamente alta cantidad que te piden por tan solo un viaje (4'80 libras, para ser exactos) puedes aparecer en un lugar tan memorable como Candem. No creo que sea necesario describirlo, tan sólo basta decir que con tales tiendas para elegir, es normal ver a sus habitantes vistiendo de forma tan variada. Y si te vas a Whitechapel, en vez de encontrar como yo esperaba los restos del popular y desgraciado barrio tan conocido en la época victoriana, sentirás que acabas de aterrizar en la India, y más si eres la única occidental en un radio de un kilómetro.
En una tienda de White Chapel, comprando unos
zapatos tradicionales de la India tras un pequeño
percance con los que llevaba. Vestido y collar vintage,
sombrero de El Corte Inglés.
Siempre me ha encantado observar a la gente que pasa a mi alrededor: sus caras, sus gestos cómo van vestidos, cómo andan, cómo hablan... En la localidad en la que yo vivo eso resulta bastante aburrido teniendo en cuenta que a la mitad de la gente que te encuentras ya la conoces o, si no es así, se parecen mucho. Por eso me gusta tener que ir a diario a Madrid. Sin embargo, aunque siendo una capital sempre se goza de bastante diversidad, estoy convencida de que por aquí tenemos mucho más miedo a ir diferentes. En Londres pasa casi lo contrario: lo diferente es ir normal. La fiebre del vintage está mucho más extendida que por aquí, por lo que es mucho más fácil encontrar tiendas de ese tipo y a un precio muy razonable. También parece estar muy de moda el revival de los 80, como ya dictaron las pasarelas: americanas con chapas, materiales y colores chillones, mezclas de estampados imposibles, pantalones pitillo... Es fácil encontrar clones de Keith Richards por todas partes. Y justo al lado, señoras y caballeros elegantísimos que parecen venir de un partido de polo.

Lo dicho, se trata de una ciudad pluricultural en la que puedes encontrar de todo y además bien mezclado. Sin embargo, es algo de esperar en una metrópoli que lleva bastantes años vigente. En cierto modo es como cualquier otra capital, y comparándola con la nuestra, pues bastante más grande y plural. Claro que hay que tener en cuenta que, a diferencia de Madrid, Londres es el centro urbano de Inglaterra desde prácticamente su fundación y que, al fin y al cabo, cada ciudad es distinta, y que aunque debido a ese fenómeno llamado generalización todas tienen rasgos comunes, cada uno posee un encanto particular. En el caso de Londres, salta a la vista en cada rincón.
P.D.: Soy consciente del período latente en el que se halla mi blog, pero sabiendo que en verano todo el mundo anda desperdigado (yo incluida) posteé bastante poco. Prometo que en septiembre, cuando me asiente y vuelva a mi vida cotidiana, actualizaré más a menudo, porque la verdad es que os he echado de menos.

viernes 19 de junio de 2009

Por la boca muere el pez


Aunque con los exámenes se me está haciendo un pelín difícil pasarme por los blogs tanto como me gustaría, me veo obligada a detener el estudio para comentar con vosotros los palabras del fenómeno llamado Megan Fox: protagonista de la saga "Transformers", cuerpo explosivo, labios carnosos y mirada felina. Seguro que todos la conocéis. Y seguro que también os suena este comentario que hizo hace más o menos un mes:

“No quiero ser como Scarlett Johansson — contra la que no tengo nada - pero no quiero tener que ir a talk-shows y decir todas las palabras que aprendí en el SAT (la Selectividad en España) para decir ‘mirad, tomadme en serio, soy inteligente, puedo hablar.’

Por regla general no me tomo muy en serio lo que dicen unos u otros personajes públicos porque considero que a todos nos vence la impulsividad de vez en cuando, que decimos cosas que no pensamos y que la presión y la facilidad de los medios para tergiversar influye mucho. Pero cuando tienes que oír a una misma persona todas las semanas decir alguna burrada, te obligas a ti mismo a opinar. Ella asegura tener una seguridad en su físico que se la ve, que le sale por todos los poros, pero yo me pregunto: ¿piensa igual de su inteligencia? Si realmente estuviera segura de no ser retrasada, ¿por qué necesita repetirlo cada vez que le ponen un micrófono delante? ¿Y no se le ha ocurrido pensar que a lo mejor si Scarlett utiliza un vocabulario decente en un talk-show, puede ser porque la mujer tiene cultura, y también lo usa en la vida cotidiana? Si ya lo decía el refrán: "presumimos de lo que no tenemos".
Pero no fue esto lo que me hizo dudar definitivamente de la inteligencia de esta mujer. Resulta que después afirmó ser bisexual, que aunque ahora tiene novio no tendría problemas en tener una relación con una mujer lesbiana, y que de hecho ya lo experimentó en la adolescencia. Hasta ahí todo perfecto, pero enfatizo en la necesidad de que la mujer sea lesbiana porque según ella "Nunca saldría con una chica que fuera bisexual, porque eso significaría que también se ha acostado con hombres, y los hombres son tan sucios que nunca me acostaría con una chica que se hubiese acostado con un hombre". Ella que está comprometida con el limpísimo Brian Austin Green. ¿Alguien me explica esa forma de pensar? Al menos antes se calificó a sí misma de "hipócrita, como todo el mundo".
En fin, no conozco a esta mujer ni sé a ciencia cierta si es o no inteligente, pero estos comentarios no es que la ayuden demasiado. Y después de ver involuntariamente la película "Transformers" sólo puedo decir que la mejor manera de que el resto del mundo la considere algo más que una mujer-jarrón es concentrarse en sus habilidades como actriz, que ése es al fin y al cabo su trabajo.
Y vosotros, ¿opináis que esta mujer es realmente imbécil, o que sólo debería pensar antes de hablar?

P.D.: El lunes tengo el último examen. ¡Por fin! Y el sábado me voy a Londres unos días con un par de amigas. Espero tener tiempo para realizar antes un post con lo mejorcito de la moda y el street-style británico. ¡Hasta entonces!